Archivo de la categoría: Blog

REFLEXIONES A LOS TRES AÑOS

Tres años después de publicarse Tres mil viajes al sur, he querido reflexionar acerca de los significados íntimos de cada historia. Aquí están, disculpen la extensión.

JOSEFA

La historia de Josefa
sucede en invierno. Ella camina al suicidio, un acto en soledad. Aunque dicen
que son otras las estaciones más propicias para acabar voluntariamente, si eso
es verdad, con la vida, elegí hacerlo en la estación del frío.

El suicidio de Josefa
representa la muerte de la sociedad como colectivo, una sociedad como la actual
en la que la mayoría de las personas se sienten solas. Solas ante ese afán de
triunfo que nos han inyectado; solas ante ese horizonte de perfección que nos han
impuesto para mantenernos explotados social y emocionalmente; solas porque la
persona de al lado no es alguien a quien pedir ayuda sino una competidora por
vencernos en más y más soledad.

La muerte de Josefa es
una historia de soledad, porque las dos profesoras, la de manualidades y la que
le enseña a leer y a escribir, son dos personas tan solas como Josefa, una
soledad que reconocen ambas en la protagonista, quien se constituye en un
espejo que refleja la historia de ellas mismas. Mientras ellas tratan de
curarse de la soledad junto a seres marginales, los últimos de la sociedad,
Josefa busca la solución sobre las vías del tren. Me pregunto qué habrá sido de
las dos profesoras cuando conocieran que Josefa había fallecido.

El suicidio, como acto de
violencia contra uno mismo, es una muerte cruel. Nadie que quisiera morir debería
tener una muerte así. Si la sociedad tuviera que enfrentar la dignificación de
la muerte de los suicidas quizás se preocupara por hacer una vida colectiva más
humana y justa que evitase llegar a esto.

La muerte de Josefa
representa el fracaso de nuestra sociedad, preocupada en dar cosas, pero no por
mirar. Sin embargo, la de Josefa es una muerte llena de dignidad (Debo un mes
de pan. Por favor, pagarlo), hasta el punto de no querer manchar la chaqueta
que le regaló su profesora, para que la prenda tenga más vida. Hay vida después
de la muerte, al menos en la chaqueta.

Los seres humanos
víctimas de la exclusión social quizás sean los que de mejor forma albergan la
dignidad última del ser humano, la de su condición animal. Es como la muerte de
mi perro hace trece años, que se alejó en el jardín para expirar y hacerlo a
solas, sin molestar a nadie.

El maltrato a Josefa
representa la forma en la que nosotros, los que estamos al otro lado del muro,
afrontamos la exclusión social. Y lo hacemos como el primer marido, dándole a
Josefa una montaña de pastillas para que se drogue o desaparezca; o como sus
hijos, que le exigen que se comporte a la medida de sus necesidades egoístas
(mis necesidades de lavar mi conciencia para continuar pecando y fomentando la
injusticia, mis exigencias al otro de que cambie, mis, mis, mis…).

Las profesoras
representan la limosna que entregamos a los pobres. Qué felicidad para mí que
haya pobres para así tener a quien entregar una limosna y poder continuar
haciendo lo mismo. La limosna es todo aquello que se da sin compromiso. O bajo
el exclusivo compromiso conmigo mismo.

¿Por qué muere Josefa?
Porque la hemos dejado desnuda en invierno. Sin hojas, con las ramas secas.
Sola, regresa al pasado. A sus trenes. Aunque el pasado no vuelve; todo lo más,
te arrolla. En forma de un tren azul, como el cielo, y de la manera más cruel,
porque en la época en la que el ser humano ha tenido más capacidad de ser
humano, se ha convertido en ser indigno con los de su propia manada.

ALBERTA

La historia se desarrolla
en primavera, la estación sevillana por excelencia, en la que la ciudad muestra
el estereotipo de sus fiestas más tradicionales, en las que las gitanas son
utilizadas como objeto turístico y como disfraz para ocultar nuestras miserias.
No hay mujer más bella que la que se viste de gitana, de lo que no es.

Alberta es gitana. Su
historia, la de su camino, su viaje, hacia el centro histórico de la ciudad, en
busca de un payo director de instituto al que va a pedir ayuda, también es
simbólico.

El viaje en autobús es la
estación de penitencia de Alberta, en la que debe peregrinar hasta la catedral
ciudadana, el centro, para pedir perdón por ser gitana, para suplicar clemencia
para su familia, antes de regresar al lugar que la ciudad le tiene destinado,
el vacío de la exclusión social, más allá de los muros físicos o psicológicos.
En Sevilla se vive intramuros o extramuros. Intramuros es la ciudad muerta y
ensimismada, ocupada por sus fantasmas; extramuros es la ciudad viva e
ignorada, la auténtica y verdadera Sevilla eterna depositaria de una cultura
popular que solo vive allí, que permanece viva y se transforma ajena a los
zombis del interior.

Hay en esta historia un
sentimiento de desprecio hacia la etnia gitana. Alberta acude al espacio
tradicional de la ciudad, al lugar del que los suyos fueron expulsados, aunque
no sea necesariamente el barrio que ocupaban los suyos en mayor número, al
lugar que otros han ocupado después de haber obligado a los otros a
desocuparlos.

Mientras Alberta― nombre
dado en homenaje a Alberto Méndez, autor de Los
girasoles ciegos
, con quien comparte estructura la novela― trata en ese
viaje de resolver la vida de su nieto, de transformar a su familia al completo
facilitando que alguien de su familia logre hacer estudios superiores, el
director de instituto la ignora.

La Sevilla tradicional,
la que representa el director de instituto y su familia, esconde tras su
fachada la inoperancia de sus élites, antaño rurales, sentadas en el casino
mientras recogían los frutos del sudor de sus jornaleros, y hoy urbanas, especuladores
del terreno, no agrario sino edificable, y fincas urbanas, con el que seguir
especulando para continuar sentados en otro casino más moderno. El director encarna
la Sevilla ociosa que no produce, que guarda su dinero a plazo fijo en los
bancos. Alberta y su nieto personifican el deseo del cambio y las dificultades
que enfrenta cualquiera que pretenda transformar la ciudad.

Mientras Alberta viaja y
desea otro futuro, el director se masturba, un acto en él egoísta y que mira al
pasado. La ciudad eterna lleva siglos masturbándose, creando una realidad
inexistente, que nunca ha existido pero en la que se siente protagonista. Las
glorias pasadas son una masturbación, una ideación que oculta las miserias de
la historia.

La niña fantasma representa
el sueño de Alberta por transformar, un sueño que desaparece conforme ella se
acerca, que nunca atrapa. Un sueño que no es realidad más que en su
imaginación, en el deseo de un tiempo nuevo que significa la juventud de la
niña, un mero espectro al que una gitana no puede acceder.

Y la lluvia como
realidad. Como amenaza que finalmente se confirma, que empapa y oxida los
viejos carromatos. La lluvia es Sevilla no es una maravilla, sino que amenaza
hasta caer con toda su fuerza sobre los mismos de siempre, que carecen del
paraguas que usa y desprecia el director del instituto en cuanto lo ve
inservible.

Sin embargo, y a pesar de
todo, el muchacho, el nieto de Alberta no pierde su dignidad, como Josefa, y
cuida a su burro, lo seca, lo protege. ¿Quién es más burro en esta historia?

Mientras tanto, la ciudad
ensimismada, pueblerina, vuelta hacia sí misma, continúa su camino de enrocarse
en sí misma hasta la asfixia.

BLESSING

La historia se desarrolla
en verano, una estación calurosa e insoportable con hasta dieciséis horas de
sol. Un sol como el del desierto que deben atravesar las africanas para
alcanzar la Tierra Prometida. No hay autobús ni trenes, es la bicicleta, el
vehículo en el que suelen viajar muchos africanos, el que pocos blancos
utilizan en verano, al menos en las horas tórridas, el que lleva a Blessing del
sur al norte de la ciudad, en un viaje de sur a norte como el que parte de
Nigeria, Senegal o Camerún y llega a Europa, un viaje eterno en el que muchas
mujeres y hombres sucumben, que parte de la pobreza del sur a la exclusión del
norte. Un viaje, en definitiva, en el que después también muchos otros
sucumbirán entre blancos después de alcanzar la meta deseada, y del que solo
unos pocos podrán salir a flote demasiados años después.

En el hemisferio norte
hay dos años nuevos, el que sucede el primero de enero y el que se da cuando
comienza el curso escolar tras el verano. El verano es el secarral, es otro
tiempo de espera, de volver a empezar, como lo es también el invierno. Blessing
avanza sola por la ciudad. Los africanos están solos. Se encuentra ante dos
tipos de policías, los prejuiciosos y los que son capaces de ayudar. La caridad
de las monjas, la xenofobia de los primeros policías, la justicia de la segunda
policía, curiosamente una mujer… Enfrentarse a Mercy, la primera esposa de su
marido, es como enfrentarse a ella misma. El mayor de nuestros enemigos es uno,
no hay peor enemigo, y tarde o temprano, huyendo de donde sea, en busca de lo
que sea, es quien tenemos frente al espejo el que nos reta.

Y a pesar del mal que
existe en nuestra sociedad, siempre es posible encontrar esperanza para
cambiar. En cualquier pedregal puede brotar una flor, incluso entre al asfalto
si el sol y el agua, la naturaleza, es capaz de fracturarlo y que aparezca un
hueco en el que se abra paso la vida. Incluso en un asfalto como las fuerzas
del orden y, por supuesto, entre la generosidad de los pobres, hay posibilidad
de salvación.

El personaje que salva al
marido, el buen samaritano que da todo lo que tiene, con generosidad, sin
recibir nada a cambio, representa la valentía y el desprendimiento con el que
debemos resolver los problemas. Esta parte de la historia fue muy real, la viví
en otras circunstancias, fui testigo de ella, entre un aparcacoches que dejó su
puesto de trabajo, perdiendo dinero que necesitaba por salvar a un pobre
africano enfermo. Son ellos los que tienen la llave de la supervivencia del ser
humano en la Tierra. Es la ausencia de generosidad la que está matando al ser
humano y la que compromete la vida tal y como la conocemos.

Los nombres de las
africanas, las que se dejan la vida, las que sobreviven, son un guiño de
esperanza. Así son los nombres de ellas, de las mujeres que conozco y a las que
nombro cada día: Joy, Mercy, Godspower, Happy, Godwin, Mercy, Patience, Gift…
nombres hermosos.

A pesar de que luego
continúa el relato aparentemente más esperanzador, el de Esperanza, creo que
este es el que más lo es. En primer lugar, por su final feliz, y en segundo
porque muestra la esperanza más real, la que representa el aparcacoches que
encuentra al marido de Blessing, la única respuesta posible para resolver las
desigualdades del mundo:

Como el aparcacoches,
resolver los problemas implica que los que no estamos enfermos renunciemos a
algo. El aparcacoches renuncia a seguir cobrando aparcamientos para salvar al
enfermo. La curación del enfermo también supone la redención del aparcacoches
ante la policía que, a pesar de la conciencia de su carácter represor que le
solemos otorgar, de alguna forma aparece aquí como defensora de lo que es
justo.

El “mundo rico” no puede
pretender resolver los problemas del “mundo pobre” sin renuncias. El
aparcacoches nunca hubiera resuelto el problema de Lucky dándole dinero que le
sobrara. Se tiene que hacer cargo de él, renunciar a su salario, cuidarlo para
volver a entregarlo a los suyos, a su mundo. Su familia representa a África.
Nadie debería ser obligado a salir de su tierra para encontrar una vida digna.
La vida de los africanos en Europa es la vida de Lucky, tirado en el suelo,
enfermo, sin nadie que lo atendiera. La lástima es que solo alguien de una vida
muy similar a él, la conciencia política, es quien se atreve a salvarlo. Ojalá
aflore esa conciencia en todos nosotros.

ESPERANZA

La
historia se desarrolla en otoño, un tiempo de introspección, de mirar a nuestro
interior. Un tiempo, como el de Esperanza, que regresa a donde comenzó, aunque
como en todos los regresos nunca somos la misma persona. El agua no pasa dos veces
por el mismo río, como dijo Heráclito. De nuevo, el autobús de Alberta, en
sentido contrario. Las líneas de autobuses son de ida y vuelta, pero la gran
diferencia es cuál es la ida o cuál es la vuelta para cada uno de nosotros.

Esperanza
huyó y ahora tiene que volver. Huyó para salvarse, mientras Sofía resiste. En
el caso de Esperanza, ¿es legítimo salvar el pellejo, salvar la vida propia,
sobrevivir en un mundo que se derrumba? ¿Es lícito apostar por lo individual y
abandonar lo colectivo? En el caso de Sofía, ¿importa menos el yo que el
nosotros?

La
exclusión social, de origen externo al lugar en el que sucede, consecuencia de
las relaciones políticas entre los seres humanos, produce en su mayoría
excluidos, víctimas, como Angustias y su familia, y también héroes que luchan.
Pero no hay que olvidar que la exclusión también produce diversos villanos que
se aprovechan de las circunstancias, que habitan dentro o fuera de estos
barrios. Entre los internos, están los traficantes, prestamistas y todos aquellos
habitantes que sin delinquir mantiene las estructuras sociales de la exclusión.
Entre los de fuera, los que ignoran y viven ajenos a la realidad con la que
conviven más cerca de lo que creen, y no pocos onanistas que ofrecen caridad
sin perseguir la justicia.

Si
las causas de la exclusión no se resuelven, los héroes huyen, en su mayoría,
como le ocurrió a Esperanza, dejando su espacio a nuevos integrantes marginales
que realimentan el proceso. Si los proyectos de cooperación, sin modificación
de políticas, consiguen erradicar la marginalidad en un espacio, esta volverá a
aparecer en otro espacio. Esperanza huye y Sofía resiste. Esperanza renuncia a
cambiar el barrio; Sofía, no, pero la solución a la marginalidad excede de su
esfuerzo, de ahí el espíritu colectivo al que regresa Esperanza. Las soluciones
a la exclusión no están en los excluidos sino en los excluyentes.

La
Esperanza está en el autobús, la esperanza está en el autobús. Mientras exista
autobús hay esperanza, mientras exista el autobús se podrá resistir. El autobús
es el hilo que conecta con el mundo exterior, el único capaz de atravesar los
muros. Los trenes pasan de largo por el barrio, generación tras generación; los
autobuses, no, aunque también pueden servir para huir (depende del sentido del
viaje).

Sofía
(la militancia), los profesores del instituto (la cultura, la educación, que
también representa Sofía como profesora) son las claves del cambio. El amor,
también.

Huir
es comprensible, pero solo el regreso puede vehicular el cambio.

TRES MIL VIAJES AL SUR: LA METAMARGINALIDAD

2015-01-16 16.43.11Tres mil viajes al sur es una novela sobre la marginalidad. Cuenta historias de mujeres que viven en un barrio marginal de una gran ciudad, y también historias de otras mujeres que viven en esa marginalidad a la que llamamos soledad. Pero no sólo trata de mujeres que viven esa exclusión social que no es únicamente económica, sino que además, aborda a ciudades que viven al margen del progreso. Ciudades que sobreviven en el mundo como caricaturas de sí mismas, como espantajos de lo que fueron. Cuando es la ciudad la que vive la marginalidad, sus personajes más destacados también se convierten en bufones y fantoches en el exterior de esa marginalidad en la que viven y en la que se sienten los reyes del mambo.

Por tanto, Tres mil viajes al sur trata en realidad de metamarginalidad, de la marginalidad dentro de la marginalidad en la que la mayoría de los actores que comparten escenario no son conscientes de su rol y por tanto, poco hacen por salir de él, sobreviviendo en una vida absolutamente gris y desperdiciada―entendiendo una vida plena como algo que va más allá del bienestar económico― que siempre encuentra nuevos actores para continuar ofreciendo a la sociedad la misma pieza teatral.

En lo cultural, si bien ambas marginalidades comparten su aislamiento, en la que es esencialmente económica aparecen brotes culturales transformadores como consecuencia de ese aislamiento, que se abren paso a pesar de la ignorancia de los otros marginales que pueblan las zonas exteriores al suburbio y entre los focos delictivos que surgen en escenarios de pobreza y necesidad. En cambio, en lo que respecta a los que están al otro lado del muro económico y se consideran los reyes tuertos de ese micromundo ciego llamado ciudad, lo cultural no es sino un mal plagio de lo antiguo, donde lo superficial, lo epidérmico, continúa alimentando los estereotipos por los que se reconoce la ciudad, alimento de su subdesarrollo y abono de su marginalidad. La cultura del atraso.

Tres mil viajes al sur cuenta historias de miseria y pobreza: de la pobreza de unas personas que tratan de abrirse camino, y de la pobreza de ciudades que de tanto mirarse al ombligo, no son conscientes de sus vergüenzas.

TRES MIL VIAJES AL SUR. LOS PROCESOS DE GENTRIFICACIÓN EN SEVILLA

Corral de TrianaLa gentrificación es un proceso urbano por el que personas de un cierto nivel económico “descubren” un barrio en el que viven gentes pobres y que, a pesar de estar degradado y depreciado desde un punto de vista comercial, ofrece una buena relación calidad- precio para instalarse allí, aprovechando las oportunidades de compra. Suelen ser barrios cercanos al centro urbano, o próximos a las zonas más comerciales, que se reconvierten en zonas residenciales de lujo.

En la ciudad de Sevilla, en España en general, este proceso se ha hecho “a lo bestia”, siempre dentro de la más estricta legalidad, puesto que no se ha dudado en cambiar las leyes para que estos procesos sean rápidos e impunes. Pero ha tenido mucha más importancia en términos económicos en la ciudad hispalense puesto que, ayuna o escasa de emprendimiento económico, la especulación con el suelo ha sido desde siempre una de las más importantes fuentes de rendimiento económico para las clases potentadas, poco dadas al riesgo.

Barrios como San Bernardo o Triana no se entienden en la actualidad sin los procesos de gentrificación que se han dado a lo largo de los últimos sesenta años. Como dicen muchos habitantes del Polígono Sur, Triana ya no es Triana, y los antiguos moradores del Corral de las pistolas, la Cava de los gitanos u otras zonas del antiguo arrabal, pueblan hoy los suburbios y barrios marginales de la ciudad. A cambio de un piso en una torreta lejana, los especuladores podían construir edificios sobre los antiguos corrales y casas de vecinos para las clases medias incipientes resultantes del desarrollismo. Triana desde entonces, reside en el Polígono Sur. Y San Bernardo, ídem de lo mismo. Las Hermandades de esos barrios pueden corroborarlo.

En una ciudad de rentistas, estos procesos de especulación han sido históricos. No en vano, antes de éstos, esencialmente urbanos, se han realizado otros de recalificación de suelos agrícolas, como las huertas de Nervión de su marqués, o después, ya en democracia, en muchas haciendas olivareras del Aljarafe.

Las consecuencias sociales han sido catastróficas, pues la homogeneización de los barrios en cuanto a nivel socioeconómico se ha dado en todas las clases sociales, lo cual ha provocado fracturas importantes. Se han creado guetos en los que se ha atrincherado la delincuencia organizada, que ha utilizado a los pobres como destinatarios últimos del consumo y tráfico de droga, para así mantenerlos como mano de obra para sus fines.

Tres mil viajes al sur se inspira en la vida de personas que sufren las consecuencias de esos procesos de gentrificación, de su estigmatización por el resto de sus conciudadanos, poco conscientes de lo que ha ocurrido, muchos de los cuales se han beneficiado de dichos procesos y aun así, viven ajenos al dolor de personas a los que ignoran y sobre las que vierten sus prejuicios.

Los procesos sociales a los que hace referencia Tres mil viajes al sur no son exclusivos de Sevilla, ni de ninguna otra gran urbe, de ahí que no se nombre a ciudad o barrio alguno en la novela; pero sí que son especialmente graves en la capital de Andalucía por la economía que la sostiene desde hace siglos. Por ello, la desgracia de los habitantes de estos barrios es la desgracia de la ciudad en términos macros, una ciudad que vive de esa especulación y de rentabilizar turísticamente las grandezas de su pasado, grandezas muertas puesto que son de piedra, y sus fiestas populares.

A pesar de todo, los antiguos habitantes de los arrabales y sus descendientes resisten. Como herederos auténticos de la esencia de la cultura por la que es conocida Sevilla, han creado nuevas formas de resistencia, preservando lo auténtico de nuestras tradiciones y fusionándolas también con otras culturas. Porque la opresión produce nuevas formas artísticas y el Polígono Sur será para Sevilla lo que Harlem fue para Nueva York. Así que no pasarán muchos años hasta que  autobuses turísticos recorran el barrio a la búsqueda de los Cotton Clubs sureños que transformaron de nuevo la cultura popular de la ciudad, a pesar de sus ciudadanos.

Espero que no te haya molestado esta entrada en el blog y que te invite a reflexionar. Siempre se puede beber agua, o pensar que si queremos hacer un mundo más justo, hay que empezar por hacer nuestro propio viaje al sur.

La foto se tomó de www.icebergbama.blogspot.com

 

Manuel Machuca González

17/04/2016

20151211_091835Escribo sobre lo que me importa, eso lo tengo claro. Imagino que le pasa a muchos escritores, de ahí que a veces los temas que tratamos se repitan de una forma más o menos nítida en nuestras obras. En lo que respecta a mi anterior novela, El guacamayo rojo, lo tuve claro: quería tratar de encontrar una respuesta a esa pulsión que sentí por buscar durante cinco años a la persona que representaba Gloria Rossi en la novela. En Aquel viernes de julio no estaba tan claro. Quizás lo hiciera de manera mucho menos consciente, y no me diera cuenta hasta después de finalizarla, pero luego caí en la cuenta de que lo que me preocupaba era reflexionar sobre los frágiles hilos en los que se sustenta la amistad.

En Tres mil viajes al sur he escrito desde la gratitud que siento ante muchas personas que he conocido a lo largo de mis diez años de voluntariado en el Polígono Sur de Sevilla. Ellos me han mostrado un nuevo canon de belleza, me han ayudado a profundizar en el sentido y en la necesidad de la justicia, y he descubierto que la alegría también brota entre la desgracia.

Tres mil viajes al sur es un modesto tributo a esas personas y a ese barrio. A personas con profundas contradicciones, como yo; a personas que a veces no ven más allá de su ombligo, como yo; a personas que tratan de sobrevivir en la selva en la que viven y a veces piensan una cosa y hacen lo contrario, como yo.

Tres mil viajes al sur es un grito a la soledad de las personas que viven en cualquier barrio y de cualquier condición social y una denuncia sobre las causas y consecuencias de la exclusión social y la marginalidad.

Tres mil viajes al sur, a pesar de contar historias de mujeres, es quizás la novela más introspectiva que he escrito, la más autobiográfica, y por ello, la que más me importa. Y escribir sobre lo que a uno le importa le da la oportunidad de entender sus contradicciones y de crecer como persona. Algo más para agradecer a todas las personas cuya vida han hecho posible esta obra.

TRES MIL VIAJES AL SUR. ANABEL CARIDE

ANABEL Y YOCuando Tres mil viajes al sur se abría camino a través de las teclas de mi ordenador, y la estructura en cuatro historias adquiría forma, de pronto me sorprendí un día elucubrando acerca de la cita literaria con la que iniciaría el libro. A veces me pasa eso, que cuando aún no he terminado algo ya pienso en el paso siguiente. Para quienes no me conocen mucho, aunque estén cerca de mis trabajos, esto les lleva a pensar que hago muchas cosas a la vez y no las termino, que me enredo. Pero quienes están al corriente de mi trayectoria personal, saben que tiene que ver con mi forma de ser y que lo que empiezo, sea un maratón, una investigación o una novela, lo termino, aunque tarde siete años en hacerlo, como me sucedió con El guacamayo rojo. Los Tauro somos así.

Ahí se quedó el pensamiento, pero una vez que llegue al final de Tres mil viajes al sur, aun cuando sólo era por aquel entonces una obra apenas hilvanada, lo que me dio tiempo a presentar al Premio Ateneo de Sevilla de novela, volví a pensar sobre ello y se me encendió la bombilla de la mejor manera posible: hablar con Anabel Caride, una poeta que me encanta y que había vivido muchos años en el barrio de La Oliva, uno de los que conforman las Tres mil viviendas sevillanas, el término de la ciudad en el que brotan las historias.

Qué bonito sería―pensé―que una poeta del barrio estuviera en el libro.

Hablé con Anabel y le pedí si me podía hacer el poema de entrada de Tres mil viajes al sur. Me parecía precioso que la novela comenzase con los versos de una escritora del barrio, aunque ya no viviera allí. Y me dijo que sí, que le hacía mucha ilusión. Luego, la conversación continuó más o menos por estos derroteros:

― Anabel, había pensado que al ser  un libro basado en historias de mujeres, podrías ayudarme a buscar a diferentes escritoras y que cada una me hiciera uno para cada uno de los relatos. Aunque en realidad me encantaría que tú me hicieras todos, pero imagino lo difícil que tiene que hacer tantos, así que a ver si puedes ayudarme a encontrar a las personas idóneas.

― Yo te los hago todos. Mándame el libro.

Eso fue lo que ella me contestó y eso fue lo que yo también hice, enviárselo. Feliz.

Pasó el tiempo y, antes de que se fallase el Premio Ateneo, Anabel me envió……siete poemas a elegir: dos para la entrada y uno para cada historia, salvo para la de Blessing, para la que me envió dos. Abrumado, después de leerlos y releerlos, de pedir ayuda porque me gustaban todos, “me apropié” de seis de los siete, utilizando los dos de entrada, uno para la misma y otro como colofón, y cuatro para los diferentes relatos. Sólo tuve que dejar, y con todo el dolor de mi corazón, uno de los de Blessing, porque no se me ocurrió una buena excusa como para que esa historia llevase dos. Todos los poemas han salido publicados en el fantástico poemario de Anabel titulado Lloverá sobre tu nombre, editado por Anantes a finales de 2015, y que me hizo el honor de prologar. No ha habido forma mejor de redondear una obra como Tres mil viajes al sur como ésta, gracias a la inmensa generosidad de Anabel Caride.

Todos los escritores deseamos tener éxito con nuestras obras. Que tengan buena crítica, que se vendan y podamos ganarnos la vida con nuestra creación literaria, que nos hagan crecer. Imaginen cómo me encuentro yo a menos de una semana de que se presente Tres mil viajes al sur. Es muy difícil conseguir el reconocimiento que todos queremos, pero hay otros aspectos que son tan importantes o más que éste, como es el de encontrar en tu camino a personas espléndidas, con la calidad humana y literaria de Anabel Caride. Podrán suceder muchas cosas en mi corta o larga trayectoria literaria, exitosa o fracasada, pero conocer a gente de la talla de Anabel dará por bueno todo lo que venga.

Sirvan estas palabras para agradecer a Anabel que Tres mil viajes al sur sea mejor libro gracias a sus poemas. Que en el mundo haya personas como ella son la prueba de que no podemos perder la esperanza. Gracias.

TRES MIL VIAJES AL SUR. CARIDAD O JUSTICIA

Poligono surTres mil viajes al sur surge de mi actividad como voluntario en el Polígono Sur de Sevilla, las estigmatizadas Tres mil viviendas. Comencé a ejercer de voluntario a principios de 2006, después de que poco antes de la Navidad diese una charla sobre hipertensión arterial a mujeres del barrio, invitado por mi amiga Julia del Valle. Cuando conocí las instalaciones de la Parroquia Jesús Obrero, encontré muchas similitudes a la Clínica de Philips, un centro de cooperación y docencia que la Universidad estadounidense de Minnesota mantenía en una iglesia episcopaliana que había visitado meses atrás durante una estancia de investigación. Mi pretensión fue repetir aquella grandiosa experiencia, en la que profesores y estudiantes de Medicina, Farmacia, Enfermería y Fisioterapia compartían práctica asistencial tutelada, dirigida a emigrantes ilegales que residían en la ciudad de Minneapolis. Monté una consulta allí a principios de 2006 y allí sigo, a pesar de que la idea de repetir la experiencia fracasó, porque los profesores de la Universidad de Sevilla, y la forma de enseñar una profesión no son, desgraciadamente, iguales.

Una de las primeras personas a las que conocí fue a un antiguo trabajador de una empresa de cerámica de Triana. Padecía de un enfisema pulmonar del que murió poco tiempo después. Apenas pude verlo un par de veces y ni recuerdo su nombre. Lo que sí que no se me olvida era su historia. Carecía de medios para pagar sus tratamientos porque no tenía pensión. Nunca estuvo asegurado, lo supo cuando ya su enfermedad le imposibilitó para trabajar. Durante décadas su tarea se desarrolló dentro de un pozo de fango muchas horas al día. Antes de sumergirse encendía un cigarro, y con la colilla encendía el siguiente, ya que no podía echarse nada en los bolsillos. Aquel obrero que vivió muchos años en un corral de vecinos trianero, que fue desalojado de su casa para trasladarse al sur fue de los primeros que conocí y que me removió las entrañas. Después, he ido conociendo la vida de muchas personas más, como aquella mujer que pedía en las puertas de una iglesia, y  que perdió la custodia de sus hijas de un día para otro y cada día rezaba a su Vaticano, las estampitas de santos que le regalaban las feligresas, para volverlas a ver.

Cuando me preguntan acerca de lo que hago allí muchos me alaban. Cuando les hablo de las causas de la exclusión la mayoría no me contesta, se limitan a escucharme. Y si continúo y trato de hacerles ver el aislamiento que sufren, la necesidad de soterrar el tren y derribar los muros que los encajonan, ya el tema es otro, aparece el escepticismo, el miedo; el estigma.

En esta ciudad gusta mucho hacer caridad, donar ropa que se pasa de moda, hacer un festival para recoger donativos, o, para los más aventureros, realizar safaris solidarios adentrándose en barrios humildes. Hacer cositas y no modificar la realidad, para continuar sintiéndonos bien por lo buenas personas que somos. Cada día que pasa pienso si yo también soy parte del problema, si lo que hago lleva a que algún día pueda haber algún cambio real. Mientras tanto, lo único que puedo hablar es de lo agradecido que me siento por haber conocido a muchas personas que viven más allá de las fronteras del miedo.

Foto obtenida de @mipoligonosur

TRES MIL VIAJES AL SUR. ¿CÓMO SE CONSTRUYÓ?

PRESENTAMOS_CARTELTres mil viajes al sur surgió como idea la noche en la que se presentó El guacamayo rojo y tuvo título días después, en la habitación de un hotel de Lima donde me hospedaba. Para darle la estructura que tiene, me inspiré en Los girasoles ciegos, de Alberto Méndez, de ahí que a una de las protagonistas la bautizara con el nombre de Alberta, en homenaje al malogrado escritor. Para elaborar la historia realicé una intensa tarea de documentación, algo que es habitual en las obras que he publicado, y sin duda deudora de mi pasado como investigador en ciencias de la salud. Aquel viernes de julio y El guacamayo rojo también se inspiraron en la lectura de referencias bibliográficas y en la entrevista a muchas personas testigos de las épocas en las que se enmarcaban las historias.

Lo primero que hice fue visitar al profesor de la Universidad Pablo de Olavide Francisco José Torres Gutiérrez, que había escrito un libro titulado Segregación urbana y exclusión social en el Polígono Sur, inspirado en sus investigaciones de doctorado. Tuvo la generosidad de regalármelo, lectura imprescindible para entender los procesos sociales y demográficos que explican la situación actual.

Después entrevisté a muchas personas que viven en el Polígono Sur, a las que he conocido en estos diez años largos que llevo ejerciendo como voluntario en el barrio. Escuché muchas historias―tengo unas grabaciones que son joyas―, y también me inspiré en las de otras personas, algunas de ellas ya fallecidas, que durante este tiempo me hablaron de tantas cosas. Al final del libro hay una lista de agradecimientos hacia quienes han sido fuente de inspiración para conformar la obra. Espero que no se me haya olvidado nadie.

Quiero tener un recuerdo muy especial para Mohamdi Freesahara, a quien conocí por medio de la poeta y amiga María Magdalena Blanco Odriozola. Gracias a los dos pude contactar con mujeres que han venido de tierras muy lejanas en un viaje durísimo, muchas de las cuales han tenido que soportar no pocas vejaciones para llegar a Europa, y que todavía lo siguen pasando mal. Con Mohamdi recorrí barrios, semáforos y tiendas para buscar interlocutores que quisieran contarme su travesía. Encontrar a personas como Mohamdi en tu vida, aprender de la madurez de este joven tan comprometido, es una de las mayores fortunas que este libro me puede dar.

Tras la finalización de Tres mil viajes al sur, hemos elaborado un video, que se presentará el 22 de abril, con la ayuda indispensable de mi gran amiga Lourdes Ramírez Mota, y de Benito Herrera. En él han participado muchas mujeres del Polígono Sur y hemos recorrido el barrio de punta a cabo para filmarlo. Me siento muy agradecido por la generosidad de las mujeres, y no menos orgulloso de haber enamorado a Lourdes del barrio. Ojalá muchos más habitantes del otro lado quieran hacer el camino que ha realizado mi amiga, el tres mil un viaje al sur.

Un último párrafo para quienes lean esta entrada al blog y puedan ofrecer trabajo a muchas de estas personas: conocer a esta gente y darles la oportunidad de labrarse un futuro será algo de lo que no te podrás arrepentir. Muchas veces, los mejores son invisibles para la mayoría. Te puedo ayudar a encontrarlos.

TRES MIL VIAJES AL SUR. ¿Y TÚ, QUÉ HARÍAS?

2015-03-04 19.06.33Tres mil viajes al sur cuenta cuatro historias de mujeres en su viaje hacia la marginalidad, dentro de los procesos sociales que se dieron en grandes ciudades españolas  en los años 50-70 del siglo pasado, como consecuencia de la despoblación de las zonas rurales y del desahucio sufrido por muchas familias de barrios humildes. Todas fueron confinadas a la periferia, a barrios de autoconstrucción y a los terribles polígonos. Muchos de los que hoy ocupamos barrios residenciales lo hacemos en edificios construidos sobre solares y territorios en los que se dieron estos procesos y, por tanto, somos cómplices en mayor o menor medida de ellos.

En este marco, Tres mil viajes al sur pretende reflexionar sobre las vidas de estas personas y de sus descendientes, deportados al extrarradio y que fueron carne de cañón en los años 80 del siglo pasado para el consumo de drogas y sus consecuencias delictivas, que profundizaron aún más en la brecha social y estigmatización de los habitantes de estos guetos.

Por estos motivos, la gran mayoría de los personajes que son ajenos al barrio donde se desarrolla Tres mil viajes al sur no tienen nombre. No lo tienen la ciudad ni el barrio, ni tampoco los que viven fuera, salvo alguna excepción intencional. Porque lo que sí que es intencional es promover la reflexión ética en los lectores, ayudar a que los que lean sus páginas se pregunten qué harían si ellos fueran algunos de los personajes sin nombre que aparecen a lo largo de las cuatro historias.

¿Qué haría, amigo lector, si usted fuera cooperante de una ONG en ese barrio, si fuera el director de un instituto que debe aceptar o rechazar alguna solicitud, si vive protegido al otro lado del muro que lo separa de ese barrio que rechaza?

Tres mil viajes al sur carece de respuestas a las preguntas formuladas, y pretende huir de cualquier forma de maniqueísmo. No tiene pretensión de adoctrinar, sino de hacer pensar, de que el lector forme parte de la reflexión y que ayude a encontrar las respuestas que buscamos. Por ello, el verdadero final de la historia no está escrito; está fuera de las pastas del libro, y entre todos habremos de culminarlo algún día. En la vida real.

TRES MIL VIAJES AL SUR. ¿DE QUÉ VA ESTA NOVELA?

2015-06-07 13.43.12Tres mil viajes al sur consta de cuatro relatos interdependientes. Aunque cada uno de ellos tiene entidad propia, es en el conjunto donde se completa todo. Que existan cuatro historias diferentes me ha permitido elegir diferentes narradores para cada una de ellas, y diferentes voces narrativas también. La interdependencia se justifica en que son relatos de un mismo barrio marginal, y como en cualquier barrio, marginal o no, las personas suelen conocerse, algunos sólo de vista y otros con más profundidad. Por eso he elegido esa estructura para contar la historia.

Tres mil viajes al sur cuenta la vida de mujeres que viven en los suburbios de una gran ciudad. Aunque no se nombra ni al barrio ni a la ciudad, con las intenciones explícitas de no estigmatizar aún más a los lugares en los que se desarrolla y de globalizar estas circunstancias a muchos otros barrios y ciudades de la denominada civilización (sic) occidental, quedan muy claros los espacios en los que se desarrolla, y mucho más si se trata de textos de mi autoría, en los que los espacios son también protagonistas de la historia: Sevilla en Aquel viernes de julio; São Paulo en El guacamayo rojo.

Como imagino que me volverá a repetir Carmen, una de mis grandes lectoras, en Tres mil viajes al sur continúo con mi idea obsesiva sobre los viajes. Si en Aquel viernes de julio el viaje se realizaba en 1936 a través de los barrios en guerra de la ciudad de Sevilla, y en El guacamayo rojo por la historia de la ciudad de São Paulo a través de la emigración andaluza a Brasil, en las cuatro historias de Tres mil viajes al sur, a pesar de que cada una de ellas el tiempo de la historia se desarrolla en una sola jornada, el tiempo del relato se fundamenta en la analepsis, en el recuerdo del viaje de  cada una de las personas tuvo que hacer y que las llevó a vivir  a la periferia, lejos de su lugar de origen.

Tres mil viajes al sur conjuga diferentes historias de mujeres a las que la situación social y política las ha abocado a ser expulsadas de los lugares en los que nacieron y que persisten, como en cualquier emigración, en sus recuerdos. La idea de la novela surgió con fuerza durante la presentación de El guacamayo rojo. Al día siguiente participaba en un Congreso científico en el Polígono Sur de Sevilla, que recientemente ha tenido el dudoso honor de ostentar la medalla de plata en el escalafón de los barrios más pobres de España, y caí en la cuenta de que había emigraciones tan duras como la que relataba en la novela, y que eran las que se daban dentro de la misma ciudad. Así nació la idea, y días después, en un hotel de Lima, a donde había llegado para impartir unas conferencias, surgió el título.

Para escribir la novela, he entrevistado a muchas personas, a profesores que han estudiado el fenómeno de la marginalidad, a personas que viven en zonas de exclusión social, a vendedores ambulantes de pañuelos de papel en los semáforos, a mujeres víctimas de abusos en los viajes de emigración…. Sus historias  me han conmovido, me han indignado y también me han hecho reír, porque la alegría no se ha perdido en muchas de las personas que menos tienen (dinero).

Tres mil viajes al sur trata de la vida real de gentes que viven cerca de nosotros, aquí y ahora. Seres humanos a los que tenemos arrumbados lejos de nuestra vista, ignorados por nosotros y prisioneros de algunos delincuentes, que encuentran en barrios así el lugar ideal para hacer lo que les plazca sin que nadie les moleste. Tres mil viajes al sur es un grito, una llamada de atención a una sociedad que no tiene mucho margen ya para seguir con este ritmo de vida que produce tanta infelicidad. Y también es una invocación a la esperanza, a que está en nuestra mano derribar muros, enterrar miedos y comenzar a crear un mundo diferente. Sí, se puede; claro que se puede.

TRES MIL VIAJES AL SUR. ¿POR QUÉ EN SAN BERNARDO?

PRESENTAMOS_CARTELTres mil viajes al sur cuenta la historia de cuatro mujeres que residen en un barrio marginal de una gran ciudad, lugar al que llegaron tras la expulsión de sus familias de los antiguos lugares en los que vivían para, a cambio de la concesión de una nueva vivienda en el extrarradio, liberar solares en los que construir edificios para las emergentes clases medias o altas que surgieron en los años 70 del siglo pasado en España.

La novela la ideo durante la presentación de la anterior, El guacamayo rojo, que trataba la emigración andaluza en Brasil a través de tres generaciones. Al día siguiente iba a participar en unas jornadas científicas en el Polígono Sur, donde trabajo como voluntario desde principios de 2006, y caí en la cuenta, esa idea tan potente que un escritor la transforma en una historia que merezca ser contada, de que hay emigraciones mucho tan duras como la anterior, o quizás mucho más, como la resultante de ser expulsado de tu barrio para enviarte a otro lugar alejado, y que quienes provocan eso aprovechen para enriquecerse, todo bajo el manto de una caridad que en realidad sólo esconde injusticia.

Las cuatro historias de Tres mil viajes al sur suceden en un solo día cada una de ella, en una estación diferente del año, pero se nutren de un viaje, el que realizan hasta llegar a esa prisión de muros invisibles, alejada de todo, para que nada incomode al resto de los habitantes de la ciudad. Aunque no se menciona ni el barrio ni la ciudad en el libro, es obvio que son Sevilla y su Polígono Sur los espacios en los que se desenvuelven los personajes, al igual que San Bernardo o Triana son dos de los barrios de expulsión. De ahí que, teniendo la firme idea de presentar el libro en un lugar emblemático y significativo, las posibilidades eran estos dos barrios y el Polígono Sur.

A través de relaciones familiares llegué a contactar con la Hermandad de San Bernardo, cuya Casa de Hermandad goza de un espacio amplio para poder realizar la presentación y, tras una conversación con el Teniente de Hermano Mayor, encuentro una disposición total y absoluta para desarrollar el acto en esa antigua casa de vecinos reformada que es su sede.

Las Hermandades de la Semana Santa sevillana son de las pocas organizaciones que articulan la ciudad y que conservan como pocas las huellas de su historia. La Hermandad de San Bernardo, tras la de la Macarena, es la que mayor número de hermanos tiene, también la segunda en nazarenos de todas las fiestas. San Bernardo fue un arrabal de los más pobres de la ciudad y hoy es un barrio selecto y apacible en el que adquirir una vivienda, construida sobre los solares de aquellos corrales y casas de vecinos, es inasequible para la mayoría de los sevillanos. La nómina de hermanos de San Bernardo vive en la diáspora, en los polígonos del extrarradio, en los suburbios de la ciudad. Donde ahora viven una, dos familias, antes lo hacían decenas y decenas de ellas. Éstas y sus descendientes constituyen la Hermandad, y cada Miércoles Santo, día de salida en estación de penitencia hacia la Catedral, se produce uno de los fenómenos más emocionantes y menos conocidos de toda la Semana Santa: el regreso del éxodo, del exilio. Eso me contaron en la Hermandad y eso pude presenciar el último Miércoles Santo. Aquellas familias, sus descendientes en primera y segunda generación, vuelven a ver pasar la cofradía desde las puertas de las que fueron sus casas. Hasta allí llevan sus sillas, su comida, para ver pasar a su Cristo de la Salud y a su Virgen del Refugio. Y allí se quedan después, vestidos con sus mejores ropas, que denotan su éxito en la vida o su persistir en la pobreza aún, pero todos juntos, abrazados, entre risas, orgullosos de pertenecer a un barrio del que no reniegan, a pesar de haber sido expulsados. Cada año faltan más mayores, pero sus herederos persisten en esa tradición, el único hilo conductor con el barrio que les hemos permitido conservar.

Por eso me siento orgulloso y agradecido a poder presentar Tres mil viajes al sur en un espacio tan significativo. Voy a ir allí, acompañado de gentes del Polígono Sur, a uno de los pocos lugares que conservan su memoria. Y entraré allí con emoción y respeto, con la emoción y el respeto que me produce el sufrimiento de tantas personas que hoy, cincuenta años después, continúa, para vergüenza nuestra.