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TRES MIL VIAJES AL SUR: LA METAMARGINALIDAD

2015-01-16 16.43.11Tres mil viajes al sur es una novela sobre la marginalidad. Cuenta historias de mujeres que viven en un barrio marginal de una gran ciudad, y también historias de otras mujeres que viven en esa marginalidad a la que llamamos soledad. Pero no sólo trata de mujeres que viven esa exclusión social que no es únicamente económica, sino que además, aborda a ciudades que viven al margen del progreso. Ciudades que sobreviven en el mundo como caricaturas de sí mismas, como espantajos de lo que fueron. Cuando es la ciudad la que vive la marginalidad, sus personajes más destacados también se convierten en bufones y fantoches en el exterior de esa marginalidad en la que viven y en la que se sienten los reyes del mambo.

Por tanto, Tres mil viajes al sur trata en realidad de metamarginalidad, de la marginalidad dentro de la marginalidad en la que la mayoría de los actores que comparten escenario no son conscientes de su rol y por tanto, poco hacen por salir de él, sobreviviendo en una vida absolutamente gris y desperdiciada―entendiendo una vida plena como algo que va más allá del bienestar económico― que siempre encuentra nuevos actores para continuar ofreciendo a la sociedad la misma pieza teatral.

En lo cultural, si bien ambas marginalidades comparten su aislamiento, en la que es esencialmente económica aparecen brotes culturales transformadores como consecuencia de ese aislamiento, que se abren paso a pesar de la ignorancia de los otros marginales que pueblan las zonas exteriores al suburbio y entre los focos delictivos que surgen en escenarios de pobreza y necesidad. En cambio, en lo que respecta a los que están al otro lado del muro económico y se consideran los reyes tuertos de ese micromundo ciego llamado ciudad, lo cultural no es sino un mal plagio de lo antiguo, donde lo superficial, lo epidérmico, continúa alimentando los estereotipos por los que se reconoce la ciudad, alimento de su subdesarrollo y abono de su marginalidad. La cultura del atraso.

Tres mil viajes al sur cuenta historias de miseria y pobreza: de la pobreza de unas personas que tratan de abrirse camino, y de la pobreza de ciudades que de tanto mirarse al ombligo, no son conscientes de sus vergüenzas.

TRES MIL VIAJES AL SUR. LOS PROCESOS DE GENTRIFICACIÓN EN SEVILLA

Corral de TrianaLa gentrificación es un proceso urbano por el que personas de un cierto nivel económico “descubren” un barrio en el que viven gentes pobres y que, a pesar de estar degradado y depreciado desde un punto de vista comercial, ofrece una buena relación calidad- precio para instalarse allí, aprovechando las oportunidades de compra. Suelen ser barrios cercanos al centro urbano, o próximos a las zonas más comerciales, que se reconvierten en zonas residenciales de lujo.

En la ciudad de Sevilla, en España en general, este proceso se ha hecho “a lo bestia”, siempre dentro de la más estricta legalidad, puesto que no se ha dudado en cambiar las leyes para que estos procesos sean rápidos e impunes. Pero ha tenido mucha más importancia en términos económicos en la ciudad hispalense puesto que, ayuna o escasa de emprendimiento económico, la especulación con el suelo ha sido desde siempre una de las más importantes fuentes de rendimiento económico para las clases potentadas, poco dadas al riesgo.

Barrios como San Bernardo o Triana no se entienden en la actualidad sin los procesos de gentrificación que se han dado a lo largo de los últimos sesenta años. Como dicen muchos habitantes del Polígono Sur, Triana ya no es Triana, y los antiguos moradores del Corral de las pistolas, la Cava de los gitanos u otras zonas del antiguo arrabal, pueblan hoy los suburbios y barrios marginales de la ciudad. A cambio de un piso en una torreta lejana, los especuladores podían construir edificios sobre los antiguos corrales y casas de vecinos para las clases medias incipientes resultantes del desarrollismo. Triana desde entonces, reside en el Polígono Sur. Y San Bernardo, ídem de lo mismo. Las Hermandades de esos barrios pueden corroborarlo.

En una ciudad de rentistas, estos procesos de especulación han sido históricos. No en vano, antes de éstos, esencialmente urbanos, se han realizado otros de recalificación de suelos agrícolas, como las huertas de Nervión de su marqués, o después, ya en democracia, en muchas haciendas olivareras del Aljarafe.

Las consecuencias sociales han sido catastróficas, pues la homogeneización de los barrios en cuanto a nivel socioeconómico se ha dado en todas las clases sociales, lo cual ha provocado fracturas importantes. Se han creado guetos en los que se ha atrincherado la delincuencia organizada, que ha utilizado a los pobres como destinatarios últimos del consumo y tráfico de droga, para así mantenerlos como mano de obra para sus fines.

Tres mil viajes al sur se inspira en la vida de personas que sufren las consecuencias de esos procesos de gentrificación, de su estigmatización por el resto de sus conciudadanos, poco conscientes de lo que ha ocurrido, muchos de los cuales se han beneficiado de dichos procesos y aun así, viven ajenos al dolor de personas a los que ignoran y sobre las que vierten sus prejuicios.

Los procesos sociales a los que hace referencia Tres mil viajes al sur no son exclusivos de Sevilla, ni de ninguna otra gran urbe, de ahí que no se nombre a ciudad o barrio alguno en la novela; pero sí que son especialmente graves en la capital de Andalucía por la economía que la sostiene desde hace siglos. Por ello, la desgracia de los habitantes de estos barrios es la desgracia de la ciudad en términos macros, una ciudad que vive de esa especulación y de rentabilizar turísticamente las grandezas de su pasado, grandezas muertas puesto que son de piedra, y sus fiestas populares.

A pesar de todo, los antiguos habitantes de los arrabales y sus descendientes resisten. Como herederos auténticos de la esencia de la cultura por la que es conocida Sevilla, han creado nuevas formas de resistencia, preservando lo auténtico de nuestras tradiciones y fusionándolas también con otras culturas. Porque la opresión produce nuevas formas artísticas y el Polígono Sur será para Sevilla lo que Harlem fue para Nueva York. Así que no pasarán muchos años hasta que  autobuses turísticos recorran el barrio a la búsqueda de los Cotton Clubs sureños que transformaron de nuevo la cultura popular de la ciudad, a pesar de sus ciudadanos.

Espero que no te haya molestado esta entrada en el blog y que te invite a reflexionar. Siempre se puede beber agua, o pensar que si queremos hacer un mundo más justo, hay que empezar por hacer nuestro propio viaje al sur.

La foto se tomó de www.icebergbama.blogspot.com

 

Manuel Machuca González

17/04/2016

20151211_091835Escribo sobre lo que me importa, eso lo tengo claro. Imagino que le pasa a muchos escritores, de ahí que a veces los temas que tratamos se repitan de una forma más o menos nítida en nuestras obras. En lo que respecta a mi anterior novela, El guacamayo rojo, lo tuve claro: quería tratar de encontrar una respuesta a esa pulsión que sentí por buscar durante cinco años a la persona que representaba Gloria Rossi en la novela. En Aquel viernes de julio no estaba tan claro. Quizás lo hiciera de manera mucho menos consciente, y no me diera cuenta hasta después de finalizarla, pero luego caí en la cuenta de que lo que me preocupaba era reflexionar sobre los frágiles hilos en los que se sustenta la amistad.

En Tres mil viajes al sur he escrito desde la gratitud que siento ante muchas personas que he conocido a lo largo de mis diez años de voluntariado en el Polígono Sur de Sevilla. Ellos me han mostrado un nuevo canon de belleza, me han ayudado a profundizar en el sentido y en la necesidad de la justicia, y he descubierto que la alegría también brota entre la desgracia.

Tres mil viajes al sur es un modesto tributo a esas personas y a ese barrio. A personas con profundas contradicciones, como yo; a personas que a veces no ven más allá de su ombligo, como yo; a personas que tratan de sobrevivir en la selva en la que viven y a veces piensan una cosa y hacen lo contrario, como yo.

Tres mil viajes al sur es un grito a la soledad de las personas que viven en cualquier barrio y de cualquier condición social y una denuncia sobre las causas y consecuencias de la exclusión social y la marginalidad.

Tres mil viajes al sur, a pesar de contar historias de mujeres, es quizás la novela más introspectiva que he escrito, la más autobiográfica, y por ello, la que más me importa. Y escribir sobre lo que a uno le importa le da la oportunidad de entender sus contradicciones y de crecer como persona. Algo más para agradecer a todas las personas cuya vida han hecho posible esta obra.

TRES MIL VIAJES AL SUR. ANABEL CARIDE

ANABEL Y YOCuando Tres mil viajes al sur se abría camino a través de las teclas de mi ordenador, y la estructura en cuatro historias adquiría forma, de pronto me sorprendí un día elucubrando acerca de la cita literaria con la que iniciaría el libro. A veces me pasa eso, que cuando aún no he terminado algo ya pienso en el paso siguiente. Para quienes no me conocen mucho, aunque estén cerca de mis trabajos, esto les lleva a pensar que hago muchas cosas a la vez y no las termino, que me enredo. Pero quienes están al corriente de mi trayectoria personal, saben que tiene que ver con mi forma de ser y que lo que empiezo, sea un maratón, una investigación o una novela, lo termino, aunque tarde siete años en hacerlo, como me sucedió con El guacamayo rojo. Los Tauro somos así.

Ahí se quedó el pensamiento, pero una vez que llegue al final de Tres mil viajes al sur, aun cuando sólo era por aquel entonces una obra apenas hilvanada, lo que me dio tiempo a presentar al Premio Ateneo de Sevilla de novela, volví a pensar sobre ello y se me encendió la bombilla de la mejor manera posible: hablar con Anabel Caride, una poeta que me encanta y que había vivido muchos años en el barrio de La Oliva, uno de los que conforman las Tres mil viviendas sevillanas, el término de la ciudad en el que brotan las historias.

Qué bonito sería―pensé―que una poeta del barrio estuviera en el libro.

Hablé con Anabel y le pedí si me podía hacer el poema de entrada de Tres mil viajes al sur. Me parecía precioso que la novela comenzase con los versos de una escritora del barrio, aunque ya no viviera allí. Y me dijo que sí, que le hacía mucha ilusión. Luego, la conversación continuó más o menos por estos derroteros:

― Anabel, había pensado que al ser  un libro basado en historias de mujeres, podrías ayudarme a buscar a diferentes escritoras y que cada una me hiciera uno para cada uno de los relatos. Aunque en realidad me encantaría que tú me hicieras todos, pero imagino lo difícil que tiene que hacer tantos, así que a ver si puedes ayudarme a encontrar a las personas idóneas.

― Yo te los hago todos. Mándame el libro.

Eso fue lo que ella me contestó y eso fue lo que yo también hice, enviárselo. Feliz.

Pasó el tiempo y, antes de que se fallase el Premio Ateneo, Anabel me envió……siete poemas a elegir: dos para la entrada y uno para cada historia, salvo para la de Blessing, para la que me envió dos. Abrumado, después de leerlos y releerlos, de pedir ayuda porque me gustaban todos, “me apropié” de seis de los siete, utilizando los dos de entrada, uno para la misma y otro como colofón, y cuatro para los diferentes relatos. Sólo tuve que dejar, y con todo el dolor de mi corazón, uno de los de Blessing, porque no se me ocurrió una buena excusa como para que esa historia llevase dos. Todos los poemas han salido publicados en el fantástico poemario de Anabel titulado Lloverá sobre tu nombre, editado por Anantes a finales de 2015, y que me hizo el honor de prologar. No ha habido forma mejor de redondear una obra como Tres mil viajes al sur como ésta, gracias a la inmensa generosidad de Anabel Caride.

Todos los escritores deseamos tener éxito con nuestras obras. Que tengan buena crítica, que se vendan y podamos ganarnos la vida con nuestra creación literaria, que nos hagan crecer. Imaginen cómo me encuentro yo a menos de una semana de que se presente Tres mil viajes al sur. Es muy difícil conseguir el reconocimiento que todos queremos, pero hay otros aspectos que son tan importantes o más que éste, como es el de encontrar en tu camino a personas espléndidas, con la calidad humana y literaria de Anabel Caride. Podrán suceder muchas cosas en mi corta o larga trayectoria literaria, exitosa o fracasada, pero conocer a gente de la talla de Anabel dará por bueno todo lo que venga.

Sirvan estas palabras para agradecer a Anabel que Tres mil viajes al sur sea mejor libro gracias a sus poemas. Que en el mundo haya personas como ella son la prueba de que no podemos perder la esperanza. Gracias.

TRES MIL VIAJES AL SUR. CARIDAD O JUSTICIA

Poligono surTres mil viajes al sur surge de mi actividad como voluntario en el Polígono Sur de Sevilla, las estigmatizadas Tres mil viviendas. Comencé a ejercer de voluntario a principios de 2006, después de que poco antes de la Navidad diese una charla sobre hipertensión arterial a mujeres del barrio, invitado por mi amiga Julia del Valle. Cuando conocí las instalaciones de la Parroquia Jesús Obrero, encontré muchas similitudes a la Clínica de Philips, un centro de cooperación y docencia que la Universidad estadounidense de Minnesota mantenía en una iglesia episcopaliana que había visitado meses atrás durante una estancia de investigación. Mi pretensión fue repetir aquella grandiosa experiencia, en la que profesores y estudiantes de Medicina, Farmacia, Enfermería y Fisioterapia compartían práctica asistencial tutelada, dirigida a emigrantes ilegales que residían en la ciudad de Minneapolis. Monté una consulta allí a principios de 2006 y allí sigo, a pesar de que la idea de repetir la experiencia fracasó, porque los profesores de la Universidad de Sevilla, y la forma de enseñar una profesión no son, desgraciadamente, iguales.

Una de las primeras personas a las que conocí fue a un antiguo trabajador de una empresa de cerámica de Triana. Padecía de un enfisema pulmonar del que murió poco tiempo después. Apenas pude verlo un par de veces y ni recuerdo su nombre. Lo que sí que no se me olvida era su historia. Carecía de medios para pagar sus tratamientos porque no tenía pensión. Nunca estuvo asegurado, lo supo cuando ya su enfermedad le imposibilitó para trabajar. Durante décadas su tarea se desarrolló dentro de un pozo de fango muchas horas al día. Antes de sumergirse encendía un cigarro, y con la colilla encendía el siguiente, ya que no podía echarse nada en los bolsillos. Aquel obrero que vivió muchos años en un corral de vecinos trianero, que fue desalojado de su casa para trasladarse al sur fue de los primeros que conocí y que me removió las entrañas. Después, he ido conociendo la vida de muchas personas más, como aquella mujer que pedía en las puertas de una iglesia, y  que perdió la custodia de sus hijas de un día para otro y cada día rezaba a su Vaticano, las estampitas de santos que le regalaban las feligresas, para volverlas a ver.

Cuando me preguntan acerca de lo que hago allí muchos me alaban. Cuando les hablo de las causas de la exclusión la mayoría no me contesta, se limitan a escucharme. Y si continúo y trato de hacerles ver el aislamiento que sufren, la necesidad de soterrar el tren y derribar los muros que los encajonan, ya el tema es otro, aparece el escepticismo, el miedo; el estigma.

En esta ciudad gusta mucho hacer caridad, donar ropa que se pasa de moda, hacer un festival para recoger donativos, o, para los más aventureros, realizar safaris solidarios adentrándose en barrios humildes. Hacer cositas y no modificar la realidad, para continuar sintiéndonos bien por lo buenas personas que somos. Cada día que pasa pienso si yo también soy parte del problema, si lo que hago lleva a que algún día pueda haber algún cambio real. Mientras tanto, lo único que puedo hablar es de lo agradecido que me siento por haber conocido a muchas personas que viven más allá de las fronteras del miedo.

Foto obtenida de @mipoligonosur