REFLEXIONES A LOS TRES AÑOS


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Tres años después de publicarse Tres mil viajes al sur, he querido reflexionar acerca de los significados íntimos de cada historia. Aquí están, disculpen la extensión.

JOSEFA

La historia de Josefa sucede en invierno. Ella camina al suicidio, un acto en soledad. Aunque dicen que son otras las estaciones más propicias para acabar voluntariamente, si eso es verdad, con la vida, elegí hacerlo en la estación del frío.

El suicidio de Josefa representa la muerte de la sociedad como colectivo, una sociedad como la actual en la que la mayoría de las personas se sienten solas. Solas ante ese afán de triunfo que nos han inyectado; solas ante ese horizonte de perfección que nos han impuesto para mantenernos explotados social y emocionalmente; solas porque la persona de al lado no es alguien a quien pedir ayuda sino una competidora por vencernos en más y más soledad.

La muerte de Josefa es una historia de soledad, porque las dos profesoras, la de manualidades y la que le enseña a leer y a escribir, son dos personas tan solas como Josefa, una soledad que reconocen ambas en la protagonista, quien se constituye en un espejo que refleja la historia de ellas mismas. Mientras ellas tratan de curarse de la soledad junto a seres marginales, los últimos de la sociedad, Josefa busca la solución sobre las vías del tren. Me pregunto qué habrá sido de las dos profesoras cuando conocieran que Josefa había fallecido.

El suicidio, como acto de violencia contra uno mismo, es una muerte cruel. Nadie que quisiera morir debería tener una muerte así. Si la sociedad tuviera que enfrentar la dignificación de la muerte de los suicidas quizás se preocupara por hacer una vida colectiva más humana y justa que evitase llegar a esto.

La muerte de Josefa representa el fracaso de nuestra sociedad, preocupada en dar cosas, pero no por mirar. Sin embargo, la de Josefa es una muerte llena de dignidad (Debo un mes de pan. Por favor, pagarlo), hasta el punto de no querer manchar la chaqueta que le regaló su profesora, para que la prenda tenga más vida. Hay vida después de la muerte, al menos en la chaqueta.

Los seres humanos víctimas de la exclusión social quizás sean los que de mejor forma albergan la dignidad última del ser humano, la de su condición animal. Es como la muerte de mi perro hace trece años, que se alejó en el jardín para expirar y hacerlo a solas, sin molestar a nadie.

El maltrato a Josefa representa la forma en la que nosotros, los que estamos al otro lado del muro, afrontamos la exclusión social. Y lo hacemos como el primer marido, dándole a Josefa una montaña de pastillas para que se drogue o desaparezca; o como sus hijos, que le exigen que se comporte a la medida de sus necesidades egoístas (mis necesidades de lavar mi conciencia para continuar pecando y fomentando la injusticia, mis exigencias al otro de que cambie, mis, mis, mis…).

Las profesoras representan la limosna que entregamos a los pobres. Qué felicidad para mí que haya pobres para así tener a quien entregar una limosna y poder continuar haciendo lo mismo. La limosna es todo aquello que se da sin compromiso. O bajo el exclusivo compromiso conmigo mismo.

¿Por qué muere Josefa? Porque la hemos dejado desnuda en invierno. Sin hojas, con las ramas secas. Sola, regresa al pasado. A sus trenes. Aunque el pasado no vuelve; todo lo más, te arrolla. En forma de un tren azul, como el cielo, y de la manera más cruel, porque en la época en la que el ser humano ha tenido más capacidad de ser humano, se ha convertido en ser indigno con los de su propia manada.

ALBERTA

La historia se desarrolla en primavera, la estación sevillana por excelencia, en la que la ciudad muestra el estereotipo de sus fiestas más tradicionales, en las que las gitanas son utilizadas como objeto turístico y como disfraz para ocultar nuestras miserias. No hay mujer más bella que la que se viste de gitana, de lo que no es.

Alberta es gitana. Su historia, la de su camino, su viaje, hacia el centro histórico de la ciudad, en busca de un payo director de instituto al que va a pedir ayuda, también es simbólico.

El viaje en autobús es la estación de penitencia de Alberta, en la que debe peregrinar hasta la catedral ciudadana, el centro, para pedir perdón por ser gitana, para suplicar clemencia para su familia, antes de regresar al lugar que la ciudad le tiene destinado, el vacío de la exclusión social, más allá de los muros físicos o psicológicos. En Sevilla se vive intramuros o extramuros. Intramuros es la ciudad muerta y ensimismada, ocupada por sus fantasmas; extramuros es la ciudad viva e ignorada, la auténtica y verdadera Sevilla eterna depositaria de una cultura popular que solo vive allí, que permanece viva y se transforma ajena a los zombis del interior.

Hay en esta historia un sentimiento de desprecio hacia la etnia gitana. Alberta acude al espacio tradicional de la ciudad, al lugar del que los suyos fueron expulsados, aunque no sea necesariamente el barrio que ocupaban los suyos en mayor número, al lugar que otros han ocupado después de haber obligado a los otros a desocuparlos.

Mientras Alberta― nombre dado en homenaje a Alberto Méndez, autor de Los girasoles ciegos, con quien comparte estructura la novela― trata en ese viaje de resolver la vida de su nieto, de transformar a su familia al completo facilitando que alguien de su familia logre hacer estudios superiores, el director de instituto la ignora.

La Sevilla tradicional, la que representa el director de instituto y su familia, esconde tras su fachada la inoperancia de sus élites, antaño rurales, sentadas en el casino mientras recogían los frutos del sudor de sus jornaleros, y hoy urbanas, especuladores del terreno, no agrario sino edificable, y fincas urbanas, con el que seguir especulando para continuar sentados en otro casino más moderno. El director encarna la Sevilla ociosa que no produce, que guarda su dinero a plazo fijo en los bancos. Alberta y su nieto personifican el deseo del cambio y las dificultades que enfrenta cualquiera que pretenda transformar la ciudad.

Mientras Alberta viaja y desea otro futuro, el director se masturba, un acto en él egoísta y que mira al pasado. La ciudad eterna lleva siglos masturbándose, creando una realidad inexistente, que nunca ha existido pero en la que se siente protagonista. Las glorias pasadas son una masturbación, una ideación que oculta las miserias de la historia.

La niña fantasma representa el sueño de Alberta por transformar, un sueño que desaparece conforme ella se acerca, que nunca atrapa. Un sueño que no es realidad más que en su imaginación, en el deseo de un tiempo nuevo que significa la juventud de la niña, un mero espectro al que una gitana no puede acceder.

Y la lluvia como realidad. Como amenaza que finalmente se confirma, que empapa y oxida los viejos carromatos. La lluvia es Sevilla no es una maravilla, sino que amenaza hasta caer con toda su fuerza sobre los mismos de siempre, que carecen del paraguas que usa y desprecia el director del instituto en cuanto lo ve inservible.

Sin embargo, y a pesar de todo, el muchacho, el nieto de Alberta no pierde su dignidad, como Josefa, y cuida a su burro, lo seca, lo protege. ¿Quién es más burro en esta historia?

Mientras tanto, la ciudad ensimismada, pueblerina, vuelta hacia sí misma, continúa su camino de enrocarse en sí misma hasta la asfixia.

BLESSING

La historia se desarrolla en verano, una estación calurosa e insoportable con hasta dieciséis horas de sol. Un sol como el del desierto que deben atravesar las africanas para alcanzar la Tierra Prometida. No hay autobús ni trenes, es la bicicleta, el vehículo en el que suelen viajar muchos africanos, el que pocos blancos utilizan en verano, al menos en las horas tórridas, el que lleva a Blessing del sur al norte de la ciudad, en un viaje de sur a norte como el que parte de Nigeria, Senegal o Camerún y llega a Europa, un viaje eterno en el que muchas mujeres y hombres sucumben, que parte de la pobreza del sur a la exclusión del norte. Un viaje, en definitiva, en el que después también muchos otros sucumbirán entre blancos después de alcanzar la meta deseada, y del que solo unos pocos podrán salir a flote demasiados años después.

En el hemisferio norte hay dos años nuevos, el que sucede el primero de enero y el que se da cuando comienza el curso escolar tras el verano. El verano es el secarral, es otro tiempo de espera, de volver a empezar, como lo es también el invierno. Blessing avanza sola por la ciudad. Los africanos están solos. Se encuentra ante dos tipos de policías, los prejuiciosos y los que son capaces de ayudar. La caridad de las monjas, la xenofobia de los primeros policías, la justicia de la segunda policía, curiosamente una mujer… Enfrentarse a Mercy, la primera esposa de su marido, es como enfrentarse a ella misma. El mayor de nuestros enemigos es uno, no hay peor enemigo, y tarde o temprano, huyendo de donde sea, en busca de lo que sea, es quien tenemos frente al espejo el que nos reta.

Y a pesar del mal que existe en nuestra sociedad, siempre es posible encontrar esperanza para cambiar. En cualquier pedregal puede brotar una flor, incluso entre al asfalto si el sol y el agua, la naturaleza, es capaz de fracturarlo y que aparezca un hueco en el que se abra paso la vida. Incluso en un asfalto como las fuerzas del orden y, por supuesto, entre la generosidad de los pobres, hay posibilidad de salvación.

El personaje que salva al marido, el buen samaritano que da todo lo que tiene, con generosidad, sin recibir nada a cambio, representa la valentía y el desprendimiento con el que debemos resolver los problemas. Esta parte de la historia fue muy real, la viví en otras circunstancias, fui testigo de ella, entre un aparcacoches que dejó su puesto de trabajo, perdiendo dinero que necesitaba por salvar a un pobre africano enfermo. Son ellos los que tienen la llave de la supervivencia del ser humano en la Tierra. Es la ausencia de generosidad la que está matando al ser humano y la que compromete la vida tal y como la conocemos.

Los nombres de las africanas, las que se dejan la vida, las que sobreviven, son un guiño de esperanza. Así son los nombres de ellas, de las mujeres que conozco y a las que nombro cada día: Joy, Mercy, Godspower, Happy, Godwin, Mercy, Patience, Gift… nombres hermosos.

A pesar de que luego continúa el relato aparentemente más esperanzador, el de Esperanza, creo que este es el que más lo es. En primer lugar, por su final feliz, y en segundo porque muestra la esperanza más real, la que representa el aparcacoches que encuentra al marido de Blessing, la única respuesta posible para resolver las desigualdades del mundo:

Como el aparcacoches, resolver los problemas implica que los que no estamos enfermos renunciemos a algo. El aparcacoches renuncia a seguir cobrando aparcamientos para salvar al enfermo. La curación del enfermo también supone la redención del aparcacoches ante la policía que, a pesar de la conciencia de su carácter represor que le solemos otorgar, de alguna forma aparece aquí como defensora de lo que es justo.

El “mundo rico” no puede pretender resolver los problemas del “mundo pobre” sin renuncias. El aparcacoches nunca hubiera resuelto el problema de Lucky dándole dinero que le sobrara. Se tiene que hacer cargo de él, renunciar a su salario, cuidarlo para volver a entregarlo a los suyos, a su mundo. Su familia representa a África. Nadie debería ser obligado a salir de su tierra para encontrar una vida digna. La vida de los africanos en Europa es la vida de Lucky, tirado en el suelo, enfermo, sin nadie que lo atendiera. La lástima es que solo alguien de una vida muy similar a él, la conciencia política, es quien se atreve a salvarlo. Ojalá aflore esa conciencia en todos nosotros.

ESPERANZA

La historia se desarrolla en otoño, un tiempo de introspección, de mirar a nuestro interior. Un tiempo, como el de Esperanza, que regresa a donde comenzó, aunque como en todos los regresos nunca somos la misma persona. El agua no pasa dos veces por el mismo río, como dijo Heráclito. De nuevo, el autobús de Alberta, en sentido contrario. Las líneas de autobuses son de ida y vuelta, pero la gran diferencia es cuál es la ida o cuál es la vuelta para cada uno de nosotros.

Esperanza huyó y ahora tiene que volver. Huyó para salvarse, mientras Sofía resiste. En el caso de Esperanza, ¿es legítimo salvar el pellejo, salvar la vida propia, sobrevivir en un mundo que se derrumba? ¿Es lícito apostar por lo individual y abandonar lo colectivo? En el caso de Sofía, ¿importa menos el yo que el nosotros?

La exclusión social, de origen externo al lugar en el que sucede, consecuencia de las relaciones políticas entre los seres humanos, produce en su mayoría excluidos, víctimas, como Angustias y su familia, y también héroes que luchan. Pero no hay que olvidar que la exclusión también produce diversos villanos que se aprovechan de las circunstancias, que habitan dentro o fuera de estos barrios. Entre los internos, están los traficantes, prestamistas y todos aquellos habitantes que sin delinquir mantiene las estructuras sociales de la exclusión. Entre los de fuera, los que ignoran y viven ajenos a la realidad con la que conviven más cerca de lo que creen, y no pocos onanistas que ofrecen caridad sin perseguir la justicia.

Si las causas de la exclusión no se resuelven, los héroes huyen, en su mayoría, como le ocurrió a Esperanza, dejando su espacio a nuevos integrantes marginales que realimentan el proceso. Si los proyectos de cooperación, sin modificación de políticas, consiguen erradicar la marginalidad en un espacio, esta volverá a aparecer en otro espacio. Esperanza huye y Sofía resiste. Esperanza renuncia a cambiar el barrio; Sofía, no, pero la solución a la marginalidad excede de su esfuerzo, de ahí el espíritu colectivo al que regresa Esperanza. Las soluciones a la exclusión no están en los excluidos sino en los excluyentes.

La Esperanza está en el autobús, la esperanza está en el autobús. Mientras exista autobús hay esperanza, mientras exista el autobús se podrá resistir. El autobús es el hilo que conecta con el mundo exterior, el único capaz de atravesar los muros. Los trenes pasan de largo por el barrio, generación tras generación; los autobuses, no, aunque también pueden servir para huir (depende del sentido del viaje).

Sofía (la militancia), los profesores del instituto (la cultura, la educación, que también representa Sofía como profesora) son las claves del cambio. El amor, también.

Huir es comprensible, pero solo el regreso puede vehicular el cambio.

2 comentarios en “REFLEXIONES A LOS TRES AÑOS

  1. Manuel Rosa

    Manuel:
    Le hago llegar, por si fuera de su interés, la conexión a la web de la Asociación Andaluza de Barrios Ignorados a la que pertenece la Plataforma Nosotros También Somos Sevilla. Nos hacemos la siguiente pregunta, entre otros análisis que hacemos de nuestros barrios: ¿Por qué nuestros barrios no avanza? Entiendo y creo por lo que he leído en sus comentarios, que el asunto tiene una dimensión política en el las autoridades y administraciones no quieren entrar. Aquí va la conexión a la web y cómo nosotros lo explicamos: http://www.barriosignorados.org/index.php/nuestros-barrios/75-por-que-nuestros-barrios-no-avanzan
    Un saludo.
    Manuel Rosa.

    Responder
    1. Manuel Machuca

      Muchas gracias, Manuel. Sin duda es un tema muy complejo. Voy a leer con interés lo que me envía. Saludos.

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